Isla Sur

Recorrido por la isla sur: dos semanas

El ferry que conecta las dos islas dura 3 horas, así que decidimos tomar el de las 2 de la mañana para, una vez más, ahorrarnos algo de alojamiento. Fuimos directo a Chrischurch, que aún en enero de 2018 seguía en plena reconstrucción por el terremoto sufrido en 2011. No solo causó innumerables destrozos arquitectónicos, sino que murieron 181 personas. Me dio la sensación de ser una ciudad divina, pero entre tanta obra fue difícil disfrutarla en plenitud.

Carretera isla sur nueva zelanda
Camino a Chirstchurch: Nueva Zelanda debe ser de los países con las carreteras más lindas.

Mirando el mapa le digo a Vitto: “Che, esta zona que está acá tiene pinta de estar buena”, señalando la península de Banks. A veces mirar un mapa nos inspira, o nos da una corazonada de descubrir algo maravilloso. Así fue como llegamos a Akaroa: un pequeño pueblo de influencia británica y francesa escondido entre volcanes, lagos y cerros.

vitto caminando por akaroa
Akaroa me estaba hablando desde el mapa

Seguimos camino al sur, cerca de Geraldine, donde nos esperaba Gero: otro un amigo de Vitto que trabaja en Nueva Zelanda. Con él, su novia Vicky y un chico indio que estaban alojando por Airbnb, nos fuimos a la playa a hacer un guiso; como si estuviéramos acampando en Santa Teresa.

Comida de olla al fuego en la playa
La comida playera más especial

Magia

La fama de esta isla no es exagerada, cientos de páginas y blogs hablan de los lagos Tekapo y Pukaki. No es coincidencia, son simplemente maravillosos. Pasamos el día entre esos dos lagos hasta llegar al camping DOC a los pies del Monte Cook, el pico más alto de Nueva Zelanda.

En el valle del Monte Cook hay muchas opciones de treking, dependiendo de tu experiencia, tiempo disponible y resistencia física. Nosotros hicimos tres de ellos, siendo Sealy Tarns el más extenuante. Dos mil escalones después sos excesivamente feliz con el paisaje, pero el camino come piernas.

Vista del Monte Cook desde el sendero Sealy Tarns
Dos mil escalones valen la pena cuando conseguís esta vista.

Seguimos rumbo a Queenstown: la capital del turismo aventura. Si sos fanático del rafting, bunggy jumping o escalada, entonces Queenstown es una parada obligada. El pueblo está casi exclusivamente destinado a estas actividades, más allá de un parque grande y lindo para disfrutar con vista al lago y la montaña, pero no mucho más.

El rafting que hicimos con Vitto no estuvo mal, pero la sequía que venía sufriendo la región no colaboró con los niveles del río y esperaba un poquito más. Mi recomendado si sos un poco adicto a la adrenalina es el Nevis Swing. Ya había hecho bungee jumping en Chile así que quería probar algo diferente. Les dejo el video para que griten conmigo.

La voz tan aguda es de los nervios, en general no soy tan molesta.

Desde Queenstown se venden también excursiones en avión o helicóptero a los fiordos de Milford Sound. Obviamente nuestro presupuesto no daba para esta opción así que dimos la vuelta en el auto (pueden ver en el mapa de qué se trata ese desvío). Entre Te Anau y Milford Sound hay muchas opciones de camping DOC así que es super disfrutable.

Lamentablemente el clima no acompañó mucho, pero pudimos disfrutar un poco de los fiordos cuando la lluvia dio una breve tregua. Es de esos lugares que el aire se respira diferente. Tiendo a ser bastante escéptica, pero hay lugares que me generan una vibra diferente. Me pasó en Machu Pichu (Perú), Delfos (Grecia), Parque Nacional Conguillio (Chile), unos días antes en el Monte Cook y acá, en Milford Sound.

Subida express

Volvimos sobre nuestros pasos para pasar de nuevo por Queenstown y seguir camino a Wanaka, un pintoresco pueblo que le debe el nombre al gran lago sobre el que está. Para nosotros Wanaka siempre llevará la mancha negra de ser donde nos multaron por dormir en el auto, pero en realidad fue nuestro error por haber llegado de noche y no pensar bien donde estacionar. Igual, con las blue pools nos sacamos parte de la bronca.

blue pool wanaka
Al ser agua de deshielo es MUY fría, pero con un poco de coraje se puede.

Ya nos quedaban poquitos días y muchos kilómetros por recorrer para entregar el auto en Picton, así que la vuelta por la costa oeste la hicimos un poco rápido. Los famosos glaciares Fox y Franz Josef los vimos de lejos, pero sin culpa. Tal vez por haber pasado antes por el Monte Cook, nada lo iba a igualar. Después de caminar por las “rocas panqueque” de Punakaiki, pasamos la noche en Hokitika, que nos sorprendió con un pintoresco campeonato de estructuras de madera en la playa.

Concurso hokitika
De arte no se nada, pero esta me encantó.

Apretamos el acelerador para ver algo del Parque Nacional Abel Tasman. Pero poquito pudimos disfrutar, además de que fue complicado llegar. Imagino que hay que dedicarle más días e información. Pasamos la noche y el día siguiente en la playa de Pohara y ya emprendimos la retirada para entregar el auto, cruzar a Wellington y tomar el vuelo a Australia.

Gracias por tanto Nueva Zelanda, nos volveremos a ver…

¡¡No te pierdas nuestro recorrido por la isla Norte!!

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